
Beatos malévolos en el corazón del día,
miradas que se cruzan pero nunca se enredan.
Pupilas dilatadas de tanto mirar el sol de hielo,
ese gran espejo que me devuelve a la memoría de una afiebrada niñez.
Tal vez dando cuerdas al gran reloj
logre hacerte parir tu faceta mas tirana,
necesito ser castigado,
necesito golpes que me dejen los ojos violáceos,
si lo consumas, prometo ofrendarte una maraña de palabras sueltas.
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