Noche sin pausa en mi prontuario,
nómada de bares es mi existir,
Sonrisas que no son para mí.
Caras nuevas por doquier.
Cortes de mangas,
llantos,
sacerdotes al levante
y putas consolando corazones solitarios
o encarcelados de perversión.
Es la noche tesoro que nunca terminaré de descubrir.
En el abismo,
a punto de saltar,
sin esperanzas de que tus manos frías
me disuadan a hacerlo.
Abordemos el año como lo despedimos,
con pañuelos sacudidos en dársenas de morriñas,
con exhalaciones etílicas, emanadas del soma de la masa
y acordes de violines y cellos hostiles al sol y apasionados de la noche.
Tropeles ancestrales en el abolengo de bohemios que atinan felicidad
en hocicos de vidrio que incitan a amar en charcos de goma espuma.
Tal vez esto sea inmolarse, o durar.
Te conozco y a cada segundo te desconozco más,
no te iluminas con los dientes, no hay barbarie deleitable en tus belfos